
aca les dejo un cuentito del "mariscal".
El primer gol siempre se recuerda. Y más todavía si es el único. Porque si uno hubiera tenido la suerte de ser como Palermo, Batistuta, Kempes a lo mejor no se acordaría tanto del primer gol. Pero cuando uno hace uno sólo es fácil acordarse.
Pero ojo eh, un solo gol por los puntos, jugando para un club. Porque con mis amigos me cansé de hacer goles. Siempre en los partidos importantes aparecía yo y la mandaba adentro. Me acuerdo el clásico en el colegio contra los de la mañana. Yo iba a la tarde. Jugamos dos partidos en contra. Uno ganamos 1 a 0 con gol mío y el otro empatamos 1 a 1 también con el tanto mío.
Yo era esos “9” de área que tenía sacrifico, temperamento. Bajaba hasta la mitad de la cancha, molestaba a los contrarios y obligaba a que dos defensores se quedaran para marcarme. No era muy virtuoso de cabeza pero tenía una derecha contundente. Cuando pateaba al arco era muy difícil que lo errara. Era como el chileno Salas pero derecho.
¿Qué lindo que es hacer un gol, no? Pero como el primero no hay. Es distinto a todos. Tiene ese no se que… un sabor especial. No se compara con nada. Y no importa como sea. Puede ser con la mano, de caño, con el culo, sobre la hora… mientras cruce la línea de cal y sea válido está todo bien.
Lástima que el primer y único gol no fue completo. No porque no haya sido lindo. No. Es más, el gol sirvió para ganar un partido de esos que pintan para 0 a 0. Y además el viejo estaba en la tribuna. Pero le faltó algo. No tuve la suerte que lo haya relatado Araujo y lo pasara en fútbol de Primera. O que lo relate el “turco” Webhe. El “turco” Webhe, ¡que relator!
Era un sábado por la tarde. Yo jugaba para 9 de Julio de Morteros. Ese día recibíamos a Porteña, un equipo de la región. Era un partido por la liga. Yo tenía 10 ó 11 años, no recuerdo bien. Esa tarde fui al banco. Y como buen delantero, con la 16 en la espalda.
En esa época era el furor la serie televisiva Los Cebollitas, y como yo iba a entrenar con la camiseta de “Gamuza” (un actor de Los Cebollitas) me decían así, “Gamuza”.
Terminó el primer tiempo 0 a 0. Yo estaba esperando para entrar. Mi papá estaba en la tribuna y creo que pensaba lo mismo que yo. Que tenía que entrar. Va, creo que mi papá pensaba eso.
Promediando el segundo tiempo el técnico me mandó a calentar. La gente en la platea se puso de pie. Pero no por mí. Si no porque ya estaba un poco cansada de estar sentada. Hasta que entré para cambiar el partido. Iban como 35 minutos del complemento y al minuto hice el gol. Se desató la emoción máxima que tiene un partido. Había un corner para nuestro equipo. Yo como buen pescador me puse en el segundo palo. La quiso despejar un defensor y me quedó la pelota mansita como perro recién nacido.
En ese momento se me cruzó de todo por la cabeza. Desde como nos enseñaban a definir en semana; de los goles que hacía el “Bayo” Córdoba todos los domingos para la Primera; de que estaba mi papá en la tribuna… de todo.
En ese momento es como que el mundo se paró por un segundo y estaba el arquero, la pelota y yo. Y no lo podía errar. Era como defraudar a mi viejo; era como que todos los años que había hecho de escuelita habían sido en vano. Que los sacrificios de mi niñera para levantarme temprano en pleno invierno para que yo vaya a correr atrás de una pelota hubiesen sido al pedo. No lo podía errar… y no lo erré.
Sobre mi empeine derecho ejercí toda mi presión. Como que él era el responsable de lo que iba a venir. La pelota salió como un misil e infló la red de alegría. Porque a la red le gusta que la golpee una pelota. No se va a quedar dos horas al pedo, cagándose de frío en invierno, de calor en verano para que el partido termine 0 a 0.
Pero el problema era que no sabía como festejar el gol. Era el primero y la verdad era que no sabía que hacer. No me iba a tirar contra los carteles como Palermo, o arrodillarme como Salas…quedaba mal. Así que salí corriendo como un perro atrás de una liebre. No me alcanzaba nadie. Me paré al frente al frente de mi papá, lo miré, el me miró y seguro que sintió la misma emoción que yo.
Ese fue mi primer gol. Decí que fue el único porque si no hubiese sabido como festejarlo.
"Mi papá estaba en la tribuna y creo que pensaba lo mismo que yo. Que tenía que entrar"
ResponderEliminarjaja que grande!
muy bueno el cuento!
tendrias que haber festejado con el avioncito de rambert...
ResponderEliminar