
El gol de Pepino a Boca
Como sí estuviésemos en el mismo lugar. Como sí los tres hubiésemos sentido en ese momento la misma emoción. Como sí fuésemos los tres hinchas de Belgrano: El “bocha” Uriet por la radio, el “pollo” Vignolo para la televisión y yo gritamos el gol de Franco Pepino a Boca como si fuese el fin del mundo.
Ese gol que gritamos caló hondo en la tribuna visitante e inundó de alegría a la parcialidad local.
Boca sí ganaba era campeón. Subestimó a un equipo que siempre tuvo como bandera no rendirse jamás y le salió mal. Porque promediando el complemento llegó el gol que rompió con todos los pronósticos.
Los hinchas de Boca fueron víctimas de un gol que los despojó de obtener el campeonato. Y los simpatizantes de Belgrano fueron testigos de un tanto que quedará en el álbum de los más recordados.
Era un domingo a la tarde y los últimos rayos de sol caían separando el día de la noche. Yo estaba viendo el partido en la casa de unos de mis mejores amigos, germán. Juntos a nosotros estaba su papá Eladio. Ellos hinchas de River, yo del Pirata cordobés.
Tiro de esquina a favor de Belgrano. Despeja Martín Palermo pero la jugada no se diluyó. Ezequiel Arriola la cambió de frente, por la derecha la bajó Andrés Yllana. Pepino estaba en el área pero no sabía que iba a hacer el mejor gol de su vida.
“La cambia de frente Arriola, la baja Yllana, entra Pepino, va Pepino, Pepino, Pepino…goool…” Así lo relató el “bocha”.
Yo sentí una emoción indescriptible. Lo grité por dentro. Me desangré de alegría. No estaba solo y tampoco en mi casa por eso no pude demostrar todo lo que sentí en ese momento.
Quería salir a contarle a todo el mundo que era de Belgrano para que todos me feliciten (menos los simpatizantes de Boca y Talleres obviamente). Que era hincha del equipo que hacía unos meses había ascendido en la cancha de Olimpo de Bahía Blanca ante el conjunto local y ahora le estaba arruinando el título a Boca. ¡Sí a Boca! Al equipo que tenía entre sus filas a Palermo, Guillermo Barros Schelotto y a Fernando Gago entre otros.
Ni bien terminó el partido salí a dar vueltas al centro y al ver los rostros alicaídos de los hinchas de Boca, me sentí orgulloso de ser fanático de un equipo chico que le había arruinado el campeonato a uno de los más grandes y se me cayó una lágrima.
A pesar de insultar al árbitro, a los jugadores contrarios (a veces insultan a los jugadores de su propio equipo), el verdadero hincha del fútbol a la hora de la emoción es más tierno que un bebe recién nacido.
Como sí estuviésemos en el mismo lugar. Como sí los tres hubiésemos sentido en ese momento la misma emoción. Como sí fuésemos los tres hinchas de Belgrano: El “bocha” Uriet por la radio, el “pollo” Vignolo para la televisión y yo gritamos el gol de Franco Pepino a Boca como si fuese el fin del mundo.
Ese gol que gritamos caló hondo en la tribuna visitante e inundó de alegría a la parcialidad local.
Boca sí ganaba era campeón. Subestimó a un equipo que siempre tuvo como bandera no rendirse jamás y le salió mal. Porque promediando el complemento llegó el gol que rompió con todos los pronósticos.
Los hinchas de Boca fueron víctimas de un gol que los despojó de obtener el campeonato. Y los simpatizantes de Belgrano fueron testigos de un tanto que quedará en el álbum de los más recordados.
Era un domingo a la tarde y los últimos rayos de sol caían separando el día de la noche. Yo estaba viendo el partido en la casa de unos de mis mejores amigos, germán. Juntos a nosotros estaba su papá Eladio. Ellos hinchas de River, yo del Pirata cordobés.
Tiro de esquina a favor de Belgrano. Despeja Martín Palermo pero la jugada no se diluyó. Ezequiel Arriola la cambió de frente, por la derecha la bajó Andrés Yllana. Pepino estaba en el área pero no sabía que iba a hacer el mejor gol de su vida.
“La cambia de frente Arriola, la baja Yllana, entra Pepino, va Pepino, Pepino, Pepino…goool…” Así lo relató el “bocha”.
Yo sentí una emoción indescriptible. Lo grité por dentro. Me desangré de alegría. No estaba solo y tampoco en mi casa por eso no pude demostrar todo lo que sentí en ese momento.
Quería salir a contarle a todo el mundo que era de Belgrano para que todos me feliciten (menos los simpatizantes de Boca y Talleres obviamente). Que era hincha del equipo que hacía unos meses había ascendido en la cancha de Olimpo de Bahía Blanca ante el conjunto local y ahora le estaba arruinando el título a Boca. ¡Sí a Boca! Al equipo que tenía entre sus filas a Palermo, Guillermo Barros Schelotto y a Fernando Gago entre otros.
Ni bien terminó el partido salí a dar vueltas al centro y al ver los rostros alicaídos de los hinchas de Boca, me sentí orgulloso de ser fanático de un equipo chico que le había arruinado el campeonato a uno de los más grandes y se me cayó una lágrima.
A pesar de insultar al árbitro, a los jugadores contrarios (a veces insultan a los jugadores de su propio equipo), el verdadero hincha del fútbol a la hora de la emoción es más tierno que un bebe recién nacido.
me acuerdo de ese gol.. como lo grite... no hay nada como ver perder a Boca.
ResponderEliminarun abrazo
rodri